martes, 7 de febrero de 2017

Rivas: La Moraleja del Este

Hace muchos años que quienes vivimos en este municipio conocemos esta expresión. Con ella se referían a la calidad de vida que en Rivas Vaciamadrid se disfrutaba. Eran años de bonanza en los que el dinero entraba en carretillas, nunca mejor dicho, porque llegaban a través de la construcción.

De lo que pasó al estallar la bubrbuja inmobiliaria, para qué vamos a hablar.

Ahora nos ha quedado un municipio con unas infrestructuras muy costosas de mantener, con un tejido industrial y empresarial muy poco solvente, una deuda alta y unos ingresos muy escuetos, cuya carga cae sobre los hombros de los vecinos. A ello ha contribuído el poco apoyo y voluntad política que ha habido en que este municipio para que además de una ciudad  para vivir se convirtiera en una ciudad para trabajar (veáse la inversión, por ejemplo de la concejalía de Desarrollo económico para 2016).

Pisos de protección oficial que soportan una carga impositiva del IBI de más de 500 euros, que hace que se sostenga con dificultad, a la vista del detrimento que los servicios públicos están sufriendo desde hace tiempo.

Los gastos corrientes se comen cualquier otra posibilidad de inversión-sujeta además por la legislación estatal-, en una ciudad que necesita diariamente muchos miles de euros para mantenerse a flote.

Áreas como las culturales, que han sido el buque insignia de Rivas, sobreviven por la voluntad y el altruismo de las asociaciones y organizaciones que anteponen cualquier ganancia monetaria  a poder llevar a cabo las actividades que les apasionan.

No somos la Moraleja del Este. Lo mismo que muchos ciudadanos, lo vivido antaño fue un "pan para hoy y un hambre para mañana". Pero la solución no pasa por exprimir al ripense. Tal vez haya que sentarse con todos los agentes sociales y pensar un proyecto para una ciudad sostenible y no con la vista puesta en las siguientes elecciones.

Tal vez entonces dejemos de ser el municipio con el IBI más alto en 2016 (véase la imagen), evitando que en años futuros también nos llevemos la palma.