miércoles, 6 de junio de 2012

El agua para quien la gestione

Esta mañana, muy prontito, he salido a dar mi paseo diario, antes del que el calor apretara. Es un gusto ver recién regadas las plantas, el césped, con ese frescor que llega de la tierra húmeda y que me envuelve.
Siempre que empiezan los calores hago la misma reflexión, al respecto de reconocer la suerte de disponer de ese líquido elemento del que mucho carecen. Pero es que además, los madrileños lo debemos agradecer doblemente por disponer de un agua de una calidad excelente. Que se lo pregunten a los levantinos o a los catalanes, cuya agua del grifo es una mezcla de sabor a cañería y salitre.
En Madrid- me refiero a la región- siempre hemos presumido de nuestra agua. Los manantiales de las sierras, el agua del Lozoya, han sido seña de identidad de nuestra Comunidad. Pero ahora, ese bien público, ese elemento que es de todos, es codiciado como si fuera petróleo, para convertirse en riqueza para empresas privadas. Vamos, que se privatiza el agua.
Esto, que ya de por si es digno de crítica, se ve agravado con la resolución en  último pleno municipal de Rivas,en la que  el gobierno de IU apoya esta iniciativa del PP, y la justifiqua primero culpando a los socialistas (?) y luego diciendo "que lo importante es que haya agua, no importa quien la gestione". Como dicen los jóvenes, ¡Flipa!.
De acuerdo que la crisis está ocasionando que haya que llegar a situaciones que hace unos años serían inimaginables, pero que un partido como IU, a quien se le supone defensora de lo público,  se sume a esta iniciativa privatizadora, se me hace muy fuerte.
Pero no solo a mi. Son muchos los ciudadanos ripenses que no entienden la determinación del gobierno municipal de alinearse con el Partido Popular en un viaje que de momento se ha frustrado por no haber comprador.
Si justificamos la existencia de un servicio, independientemente de quien lo gestione, estamos dando carta de identidad a cualquier privatización, como por ejemplo, la sanidad o la educación. Y eso no es una política de izquierdas ni de progreso. Eso, simple y llanamente, es caer en una absoluta contradicción que los ripenses en general, y los votantes progresistas en particular,  malamente pueden comprender  en un partido que siempre ha enarbolado otra bandera.

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