domingo, 27 de mayo de 2012

Rivas con otros ojos

No hay mejor manera de apreciar lo que uno tiene que cuando lo pierde, nos dicen. Pero también hay una forma, bastante más positiva, y es cuando nos lo hacen ver con otros ojos.
Este fin de semana he tenido la oportunidad de comprobarlo, al acompañar a unos amigos que han venido a Barcelona, y mostrarles nuestra ciudad en un pequeño recorrido.
Las frases de admiración se repetían cuando recorría la avenida de Levante, entrábamos en el casco y les enseñaba la iglesia y el ayuntamiento. Se sorprendían de la gran cantidad de arbolado, de rosas en las medianas.
Subí al Auditorio y allí contemplamos como el sol se iba ocultando tras los cortados que verdes, se cernían imponentes a nuestros ojos, escoltados a la izquierda por el brillo azul de las lagunas.
Les llevé hasta el parque de Bellavista, al pié de cerro del Telégrafo, con sus pinos que se escurren casi al pie de la calle, y notaba como en cada parada me iba sintiendo cada vez más orgullosa, a la vez que les intentaba sintetizar la historia de nuestra ciudad en los últimos treinta años.
El color del atardecer y la brisa parecían que se había conjurado para que Rivas brillara de una manera especial. Mis amigos desgranaban palabras de elogio de las fuentes, de las viviendas e incluso les encantó la imagen de las cigüeñas anidadas en la estación de metro de Rivas Urbanizaciones.
Sinceramente, reparé en detalles que, al comentarlos, me di cuenta  que quizá había olvidado. Recordé cuando la universidad popular estaba en los comedores  del Olivar, los barracones en donde se ubicaron los colegios, los atascos de la carretera de Valencia, cuando era una carretera de dos sentidos.... Parecía todo tan cercano y al  mismo tiempo a años luz.
- Maravilloso - comentó mi amigo-, pero esto será caro de mantener.
En ese momento sentí que se había puesto el dedo en la llaga, y me di cuenta de que un futuro un tanto incierto, fruto de una situación financiera muy complicada, podría amenazar la sostenibilidad de nuestro municipio, del que verdaderamente podemos sentirnos orgullosos. Y crucé los dedos.

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